Hace unos días me decidí a ir a donar sangre, jamás lo había hecho aunque durante mucho tiempo lo había tenido en mente.
La idea vino de la mano de mi novia, ella dona habitualmente plaquetas ( no puede donar sangre por tener el hierro bajo) y de mi amigo Guille (que al igual que yo tampoco había donado nunca y le picaba el gusanillo) cuando, hará cosa de un par de semanas, decidieramos de una vez por todas ir a donar.
El banco de sangre y tejidos está cerca de la calle Duquesa Villahermosa, fuimos después de comer, rellenamos un formulario, anotaron nuestros datos en un ordenador y después de unas preguntas rutinarias, nos tomaron unas muestras iniciales para comprobar nuestro hierro y nos tomaron la presión sanguínea, una vez comprobados todos los parámetros, nos llevaron a la sala de extracciones, nos tumbaron en una camilla y con una aguja bastante curiosa, nos sacaron 450 ml de valiosa sangre.
Al terminar tuvimos algún contratiempo, no nos habían avisado de que para ir a donar hace falta haber hecho la digestión o sino podemos marearnos con más facilidad, y así fué, yo me mareé un poquillo, Guille algo más y tuvimos que permanecer tumbados boca abajo un rato.
Después nos tomamos unas coca-colas y algo de bollería para reponer fuerzas y pa’ casa con nuestra tacita como obsequio por nuestra labor altruista.
Ahora solo queda esperar a recibir la carta donde nos certifiquen que nuestra sangre es válida para la donación y por lo menos el rato invertido habrá servido de algo. Sin duda alguna un día en el que llegas a casa con la satisfacción de haber hecho algo bien.





